El compañero Juan Carlos Monedero ha escrito en su blogcomiendotierra.es un sentido homenaje que todas compartimos:

“Marcos Ana, un comunista que asustó a Franco.

Se ha ido Marcos Ana con los comuneros de 1871 y los esclavos que se levantaron con Espartaco, con las 13 rosas que tuvo cada ciudad de España y con todos los compañeros que cayeron en el puente de los franceses para helarle el entusiasmo al fascismo, se ha ido Marcos Ana con Manuela Malasaña y Dolores Ibarruri, con Orwell y con Gramsci, con las peluqueras que cortaron cabezas y los panaderos que repartieron pan al pueblo, con Neruda y Passolini a regalarle versos a las muchachas y muchachos de los puertos. Nunca pudieron callarle. Quiso Franco ponerle rejas a su cuerpo. Le tenía, sabía por qué, miedo. Marcos nunca se calló. Por eso Marcos no se ha muerto”.

Ayer jueves murió en Madrid a los 96 años de edad, aunque él siempre se descontaba los 23 que estuvo preso, el poeta Marcos Ana. Tal y como cuenta elpais.com, “se hizo poeta en el lugar más hostil para los versos, una cárcel franquista donde toda la energía se iba en sobrevivir, donde no había paisaje al que mirar”.

También cuenta el artículo que en realidad nuca aparentó su edad física, su edad mental era más evidente en él que en los demás. Al parecer en una ocasión, a punto de dar una charla en la Cámara de los Comunes, en Londres, “le confundieron con su intérprete, un profesor inglés y cojo. Al subir al estrado nadie reaccionó. La gente solo empezó a aplaudir cuando llegó el profesor. El público interpretó que el preso que más tiempo había pasado en las frías celdas del Régimen, el que había estado condenado a muerte, el que había sido torturado… era necesariamente el que caminaba con bastón y no aquel hombre alto que se había plantado en la tribuna en dos zancadas”.

Marcos Ana se afilió con 15 años a las Juventudes Socialistas Unificadas para después pasar al Partido Comunista. Fue al frente, pero le mandaron de vuelta a casa por ser menor de edad cuando se militarizaron las fuerzas que combatían al ejército golpista, volvió al ejército regular al cumplir los 18. Le apresaron, como a tantas otras, en el puerto de Alicante esperando un barco que nunca llegó pero consiguió huir y regresó a Madrid donde delatado por un confidente fue de nuevo detenido ingresando en la cárcel con 19 años, ya no disfrutaría de la libertad hasta los 42, en 1961.

Condenado dos veces a pena de muerte y torturado tras crear un periódico clandestino en la cárcel, se acostó en prisión muchas noches pensando que no llegaría a ver el día siguiente. No fue ejecutado por haber cometido los crímenes que se le imputaban en minoría de edad pero dio el último abrazo a muchos compañeros que no corrieron la misma suerte. Por ello dedicó sus años de libertad a rendirles un homenaje permanente, una tarea hermosamente descrita por José Saramago, “Marcos Ana no se ha mirado complacido en el espejo. Lo ha roto en mil pedazos para que en cada fragmento se vea el rostro de sus camaradas”.

 A los 33 años empezó a escribir poemas que sacaba clandestinamente de prisión, éstos se empezaron a difundir gracias a la ayuda de poetas en el exilio como Rafael Alberti y de los comités de solidaridad con los presos políticos. El poeta gaditano y Pablo Neruda se convirtieron en destacados defensores de una campaña internacional a favor de su liberación que contribuyó a ser muy conocido fuera de España. Gracias a ella, Marcos Ana, fue puesto en libertad debido a un decreto franquista según el cual las personas que llevaran más de veinte años ininterrumpidos en prisión serían libres, el poeta fue el único preso al que se le pudo aplicar la medida de gracia.

Se exilió en Francia tras sufrir una campaña de descrédito dirigida por Manuel Fraga desde el Ministerio de Información y Turismo que llegó a publicar un folleto titulado Marcos Ana, asesino en el que reiteraban las acusaciones contra el poeta que habían supuesto su condena a muerte. La insidiosa publicación fue distribuida por las embajadas españolas en los países que posteriormente visitó Marcos Ana.

En París, el Partido Comunista le invitó a establecer un servicio destinado a la propaganda antifranquista y al apoyo de los presos políticos españoles con la ayuda de personalidades del mundo de la cultura francesa y españoles exiliados. Así nació el Centro de Información y Solidaridad con España (CISE) que contaba con Pablo Picasso de presidente de honor y era dirigido por Marcos Ana. En él participaron también Yves Montand, Michel Piccoli, Jean Paul Sartre o Jean Cassou.

Desde ese puesto recorrió Europa y Sudamérica, pronunciando conferencias y organizando campañas de apoyo a los exiliados y opositores al franquismo como la realizada en contra del fusilamiento de Julián Grimau el 20 de abril de 1963. La noche antes del fusilamiento, el poeta hizo un último e infructuoso llamamiento a la clemencia desde Radio París.

Miembro y militante del comité central del PCE regresó a Madrid tras la muerte de Franco siendo, en las elecciones de 1977, candidato comunista al Congreso de los Diputados sin conseguir el escaño.

Su poesía de trinchera ha sido atribuida a “la fuerza de la convicción, la sentida sinceridad poética, la angustia, el miedo del hombre en el presidio”. Su obra poética completa no ha sido publicada, aunque existe una recopilación en Venezuela. En 2007 publicó un libro de memorias, Decidme cómo es un árbol. Memoria de la prisión y la vida, prologado por José Saramago y centrado en su estancia en la cárcel y en su actividad política fuera de ella hasta la Transición.

En sus declaraciones públicas, Marcos Ana mostró siempre su espíritu de reconciliación, ese que apelaba al perdón pero no al olvido:

“La única venganza a la que yo aspiro es a ver triunfantes los nobles ideales de libertad y justicia social, por los que hemos luchado y por los que millares de demócratas españoles perdieron la libertad o su vida”.

Que la tierra te sea leve compañero.

“Decidme como es un árbol, contadme el canto de un río cuando se cubre de pájaros, habladme del mar, habladme del olor ancho del campo de las estrellas, del aire…”